| RAUL
EDMUNDO WENSEL.
 Si
hay un ídolo unánime , induscutido y admirado
por todos los banfieños, ése ,sin lugar a dudas,
es el Gringo Raul Edmundo Wensel.
El
último gran ídolo junto a Carlos Fabian
el gato Leeb-, y el símbolo máximo
del recordado ascenso la Primera División en el año
1993.
El
pescador de ilusiones tiene el lujo y el privilegio
de ser el único futbolista que jugó en todas
las categorías de la Asociación del Fútbol
Argentino. Esto es desde Primera D hasta la Primera
División, pasando por la Primera C, Primera
B y Nacional B.
El
Polaco pasó por seis clubes, pero lógicamente
que el club donde mas se destacó y mas se lo identificó
a lo largo de su carrera es justamente en nuestro querido
Taladro.
Jugando
con la camiseta verdiblanca marcó 47 goles, y jugó
125 partidos. En 9 partidos estuvo como suplente, pero con
una particularidad: en todas las ocasiones ingresó.
Y justamente, uno de los partidos mas recordados por la parcialidad
banfileña, fue aquel partido contra Racing, en el cual
ingresó en el Segundo Tiempo con el marcador igualado
en 1, y convirtió el gol del triunfo, tras recibir
un centro de Mannarino. Pero además de la alegría
lógica por el triunfo en sí, ése partido
tenía un significado especial, tanto para los hinchas
como para Raúl. Esa tarde se inaguraba la nueva tribuna
(hoy : sector Valentín Suarez), y El goleador volvía
luego de aquella suspensión que lo marginara de la
final con Colón y del las primeras fechas del torneo
apertura 93. Pero el gringo volvió una
tarde gloriosa y memorable y se metió para siempre
en el corazón de los hinchas banfileños. O acaso
¿quien no recuerda aquella delantera extraordinaria
que formaba junta al chueco Daniel Alejandro Delfino?,Todavía
se escuchan los gritos que vienen desde el Monumental, cuando
venció a Goycochea y nos regaló un triunfo inolvidable
en la mismísima cancha de River.
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Humilde,
de perfil bajo, querido por sus compañeros y adorado
por los hinchas, Raúl Edmundo Wensel supo ganarse a
base de esfuerzo, amor a la camiseta y goles, a la parcialidad
banfileña, la cual le preparó su despedida,
un 7 de agosto de 2000, ante unas 4000 almas que lo ovacionaron
y le obsequiaron plaquetas, trofeos y hasta un trapo
con su cara. Pero sin dudas que hay un regalo que perdurará
para toda la vida, y que todavía retumba cada vez que
el polaco pisa el Florencio Sola. Y me estoy refiriendo al
grito, que ya se transformó en un himno sagrado para
todos los banfileños: OLÉ, OLÉ
OLÉ OLEEEÉ,... WENSEEEL, WENSEEEL.
MANUEL SPINOSA
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