HISTORIA : Heroes del Ayer
 
ELISEO VICTOR MOURIÑO // DE IDOLO Y REFERENTE A MITO Y TRIBUNA.
EDIBERTO LUIS RIGHI // EL GRAN EDIBERTO.
OSCAR "GALLEGO" LOPEZ // NO SE OLVIDEN DEL JUGADOR.
NORBERTO SANTIAGO RAFFO // “EL TORO”.
JUAN JOSE GUASTELLA // EL ARQUERO HINCHA.
LUIS EDUARDO SUAREZ // EL GOLEADOR OLVIDADO.
ERNESTO ALVAREZ y ADOLFO HERNÁNDEZ // AMIGOS PARA SIEMPRE.
ANTONIO VILLAMOR // “EL PILLO”
TOMAS "CANARIO" ANGLESE // TE JUEGO EN UNA PIERNA (Y TE GANO).
RAUL GRAZIOLO // PELOTA DOMINADA, CABEZA LEVANTADA.
 

ELISEO VICTOR MOURIÑO. // DE IDOLO Y REFERENTE A MITO Y TRIBUNA.
Por Gustavo Santillán


En Diciembre de 1960 quedaba libre de Boca Juniors y por eso, Valentín Suárez intentó llevarlo a Banfield. En realidad no intentó ni llevarlo ni traerlo. Lo que buscaba el mandamás banfileño era que el hijo pródigo vuelva a casa.
El hijo prodigo no era otro que Eliseo Víctor Mouriño, "el Gallego" para los amigos, el mejor volante central de Banfield en toda la historia para muchos, el símbolo deportivo del Club para todos.
Banfield deambulaba en la vieja Primera B con algunas campañas pobres y otras rescatables, más que nada porque debutaban varios valores de la cantera, pero la necesidad de volver a Primera División hacía que se vivan años particulares en Peña y Arenales.
Don Valentín afirmaba que era importante tener jugadores con voz de mando en el campo de juego y Mouriño era el indicado para ser el primer refuerzo. Lo que no imaginaba Suárez era que "el Gallego" iba a elegir otro camino. Por más que jugaran los sentimientos o que la oferta económica sea jugosa, Eliseo tenia otros planes.
En los primeros días de Enero de 1961 recibió una oferta del Green Cross chileno que militaba en la máxima categoría del fútbol trasandino. Y hacía allí fue Mouriño. Nada tuvo que ver que Green Cross estuviera en Primera y Banfield, ocasionalmente, no. Es que en 1962 Chile iba a ser Sede del Mundial y a Mouriño lo seducía la chance de vivir el máximo Torneo del planeta prácticamente desde la cocina. Iba a descubrir nuevas tácticas, iba a poder visitar a equipos europeos y ver como entrenaban, iba a aprender de organización e iba a cumplir el viejo sueño de ser testigo presencial de un Mundial.
Era lógica la desición. Quienes lo conocieron de cerca, afirman que Mouriño era muy aplicado en el entrenamiento, un fanático del fútbol y de su táctica, un jugador que desde muy joven sabía que iba a ser Director Técnico. Por eso no extrañó que haya querido tener esa experiencia cerca de un Mundial para luego volver a Argentina y estar en el pago chico, ya sea como jugador, como entrenador o cumpliendo ambas funciones, cosa muy común por aquellos años. Tarde o temprano "el Gallego" iba a volver a casa.
En Banfield, igualmente, no perdieron las esperanzas de tenerlo en sus filas hasta fines de marzo, cuando partió a Chile donde fue recibido con honores dada su trayectoria en la Selección Nacional. Lo cierto es que la tragedia sorprendió a todos. Nadie podía creer lo que estaba sucediendo. El 3 de Abril de 1961 Mouriño y sus compañeros volvían en un avión de jugar un amistoso cuando la nave se estrelló en el Cerro Las Lástimas y murieron casi todos los ocupantes de la misma, incluído el ídolo banfileño. Crónicas de los medios de comunicación chilenos afirman que Mouriño concurrió a ese viaje para conocer a sus compañeros y compartir el viaje con ellos, ya que dado el poco tiempo transcurrido desde su arribo a Chile no iba a ser tenido en cuenta para ese partido.
El destino estaba escrito, la llama de Mouriño debía apagarse. Se apagó la vida, pero nació la leyenda. De estampa señorial y bigote prolijo, de físico espigado y elegante, este hombre de juego exquisito y fino, que nunca supo lo que era no poner la pierna fuerte, se convirtió en el ídolo eterno de jóvenes y no tan jóvenes.
En Banfield jugó entre 1948 y 1952 un total de 133 y convirtió 2 goles. Luego se desempeñó hasta 1960 en Boca Juniors. En "el Taladro" formó parte del inolvidable equipo de 1951 y mientras jugaba en Banfield llegó a ser capitán del Seleccionado Nacional.
Una vez fallecido el Club decidió homenajearlo poniendo su nombre a una de las tribunas del Estadio, posiblemente la grada desde donde mejor se ve el partido, pero también la más exigente con los jugadores. Quizás los habitantes de "la Mouriño" sean exigentes con los futbolistas albiverdes justamente porque como Eliseo no hubo otro, porque casi ninguno ha querido al Club como él o porque pocos han representado tan bien a nuestra institución.
Hoy, a 47 años de su fallecimiento, debe estar en la nube más verde y blanca del cielo, con "Garrafa" y "el Pampa" entre otros, sufriendo y gozando por SU Banfield.
Es que él, fue, es y será, EL SIMBOLO DEPORTIVO de nuestro Club.