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Eeeh! ¿Usted no es Anglese?
- Si.
- ¿No quiere jugar? Nos falta uno.
- Hace siete meses que no juego
- Che Canario... ¿No te animás? Mirá que me falta
uno...
- No, voy a hacer papelones, no me puedo mover...
- Qué vas a hacer papelones... me falta uno...
- Bueno, está bien.
Así empezó la relación entre el Canario Tomás
Anglese y Banfield. Había acompañado a su amigo Jorge "Zambrano"
Gontán a probarse y quedaron los dos. No quería jugar, no
quería engañar a la gente de Banfield porque consideraba
que no podía jugar. Le habían dicho que sus días
en el fútbol habían terminado. Pero esa tarde estaba sentado
en la platea mirando a su amigo Gontán cuando le insistieron, jugó
medio tiempo y a la salida el presidente de Banfield, "Poroto"
Gómez, le ofreció contrato.
- No lo quiero engrupir... No puedo jugar... - le dijo al presidente.
Pero un médico del plantel lo escuchó e intervino.
- Vení que yo te hago jugar. Antes de los partidos me venís
a ver.
Tomás
Anglese nació en Avellaneda y comenzó a jugar al fútbol
en clubes del barrio de Piñeiro. No tardó en incorporarse
a Independiente, donde hizo todas las inferiores a partir de la octava.
En 1953 integró la Selección Argentina Juvenil Sub-19 que
participó en el mundial de Bruselas, Bélgica. Era la promesa
de las inferiores rojas. Pintaba para "Señor Cinco",
un half central de los de antes, elegante y distribuidor de juego.
Fue preseleccionado para todos los juveniles, hasta que en 1955 jugando
para la Selección se lesionó. Lo operaron y al mes estaba
otra vez corriendo. En Independiente lo querían poner en Primera
y lo nombraron capitán de la Reserva. Entrenaba lo más bien
y en un campeonato nocturno jugó el preliminar de un encuentro
entre Independiente y los austríacos de Estrella Roja. Era el primer
partido importante que jugaba después del quirófano. Su
actuación fue tan buena que el jugador austríaco que jugaba
en su puesto lo fue a felicitar al vestuario. "Y justo después,
cuando me voy a bañar, me resbalo con un jabón y me pego
la rodilla contra los mosaicos de la ducha".
Se le produjo un desprendimiento del meñisco, lo que requirió
una nueva intervención quirúrgica y le insertaron un "fierro"
en la pierna. El Dr. Covaro, de Independiente, fue terminante: "No
juegues más porque terminás en silla de ruedas".
Pero siete meses después se incorporó a Banfield. No podía
entrenar a la par de los demás, lo tenían que infiltrar
antes de cada partido, y jugaba con unos diez kilos de más, lo
que era darle mucha ventaja al rival, no obstante se convirtió
en un elemento indispensable del equipo albiverde de esos años.
No poder flexionar una rodilla no le impidió jugar. Se paraba en
el medio de la cancha y distribuía juego: sus recursos técnicos
se lo permitían, aun en una pierna. Si tenía que marcar
lo hacía, pero nunca pegaba patadas. "A mi me gusta el fútbol
bien jugado, de pelota dominada y cabeza levantada. No me gusta el que
se tira a los pies porque el fútbol no es para andar por el suelo.
El fútbol es otra cosa". Cuando se implementó la línea
de cuatro en 1960, se metió atrás como "cinco adentro",
lo que hoy llamamos segundo marcador central.
Tuvo una muy buena relación con Valentín Suárez.
Tal vez por que ambos venían de Independiente, Don Valentín
lo quería mucho. Hablaban largo y tendido de fútbol, de
tácticas, e incluso en 1960, junto a Osvaldo Zubeldía armaban
el equipo. A partir de 1959, pensando en su lesión, Suárez
se preocupó por traer otros jugadores para su puesto, pero siempre
había terminado jugando él, roto y todo. Hasta que en 1961
llegó "Kiko" Villano. Entonces aceptó una oferta
del Green Cross de Chile y se fue a ocupar el lugar dejado vacío
por el recientemente fallecido Eliseo Mouriño. De alguna manera
en Banfield fue el primer cinco que se consolidó después
de Mouriño. ¿Le pesaba la camiseta que había usado
"El Gran Eliseo"?
- No, yo no me comparaba con él porque para mí era un ídolo.
Yo lo admiraba.
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