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Faltaba uno

Faltaba uno. Sólo uno. Pero debía ser el encargado de organizar el juego, de parar la pelota y de servir la pelota justa a los delanteros. De aportar magia a un fútbol, que también por esos lares, se va quedando sin rebeldes, sin distintos, sin soñadores.

Faltaba uno. Y la búsqueda no era fácil. Con esas condiciones no había muchos candidatos potables. Los muchachos del equipo estaban preocupados, porque se acercaba la fecha del encuentro anual versus los rivales de siempre y sabían que, sin ese plus de calidad, se venía la noche.

Cuándo le llegó el turno de postular a un candidato, el Pampa no dudó demasiado. No debió explicar demasiado el fundamento, y todos estuvieron de acuerdo rápidamente. La misión de reclutarlo se la encargaron al Barba.

Como siempre, el Barba llamó a la Parca y ésta fue muy eficiente en su tarea. Una moto, un resbalón, el golpe y chaupinela. El destino estaba marcado así y un día de enero de 2006 partió el hombre. Dolor inmenso aquí, pérdida irreparable dijeron los diarios.

Egoístas, los muchachos del equipo celestial se alegraron con su arribo. Llegó el que les iba a hacer ganar el partido en cuestión. Aún confundido, se estrechó en un abrazo con el Pampa y pidió una pelota. Le contaron del partido, de la esperanza que habían depositado en él y de lo bien que se la pasaban allá.

La verdad, le faltaba mucho camino por recorrer abajo. Había sido ídolo de Banfield, era el jugador símbolo de un club que lo había cobijado como propio, y al que él le dio todo. Pugnaba por ponerse en forma para volver a deleitar a los hinchas del Taladro y la muerte, absurda, inexplicable, lo arrancó para siempre.

En Banfield todavía lo extrañamos y recordamos. Su figura excelsa no podrá ser olvidada fácilmente. Produjo esa cosa extraña que sólo los distintos producen: el mundo entero del fútbol lo respetaba, aún los acérrimos rivales.

Arriba sigue haciendo de las suyas, ahora con el Pampa de compañero. Abajo se nos cae alguna lágrima cuando hablamos de él.

Faltaba uno. Y el Barba se llevó al mejor.

Por Hernan Colombo


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