El hombre grandote de ojos celestes atraviesa la puerta de la radio donde trabaja con un habano encendido en su mano derecha, como desafiando a cada
paso los innumerables carteles con prohibiciones hacia los fumadores. El dueño de una serenidad extrema a la hora de enfrentar los micrófonos, saluda a la
gente con respetuosidad mientras camina con la irreverencia que lo ha llevado a desafiar a los que se consideran patrones de nuestras
ilusiones.
Envuelto en papeles de trabajo, Víctor Hugo Morales espera el “play” invitándonos al dialogo sincero y distendido, respondiendo todas las
preguntas sin esquivar ninguna, como lo viene realizando en la vida desde hace
unas cuantas décadas.
Por Gustavo Santillán - Rodolfo
Morel
-¿Por qué eligió ser periodista deportivo?
-Lo que elegí fue ser locutor, si es que lo elegí. En realidad quería ayudar a mis
padres a pagar mis estudios, tenía buena voz y había trabajado de locutor en los
parlantes de mi pueblo natal, Cardona.
-¿Cómo se inició?
-Cuando llegué a Colonia para estudiar abogacía, se me dio por ir a pedir trabajo a Radio Colonia. Ahí empecé como locutor y haciendo de todo. Un
buen día, a los 18 años, pedí que me hicieran una prueba como relator. Tuve la suerte de que a Héctor Ricardo García, el dueño del Diario Crónica y en ese
momento de la radio, le gustó y así empecé mi carrera con el relato. O sea, elegí esto como podría haber sido actor de radioteatro que también me gustaba
mucho o cualquier cosa que me permitiese ganarme la vida y estar en la radio. Estoy en esto desde los 16 años, pero lo que yo elegí verdaderamente es ser
locutor, que además es lo único que soy en la vida.
-¿Puede ser que su primer contacto con el relato deportivo haya sido con el básquet?
-No. Después de la prueba relaté algunos partiditos de fútbol y cuando recién empezaba, Juan Carlos Rousselot,
que luego fue Intendente de Morón y era relator también, me consiguió un contrato para relatar el Campeonato Nacional de Básquet de 1967 en Paraná, para
LT7 de Corrientes que manejaba un equipo de periodistas de su provincia, Chaco. Así hice mi primera incursión y después volví a relatar básquet en el año 1990
cuando se realizó el Campeonato Mundial en el Luna Park, a continuación del
Mundial de Fútbol.
-Cuando usted llega a nuestro país, a comienzos de la década del ´80 ya era un relator reconocido en el ambiente ¿Qué se le cruzó
por la cabeza en el momento de cruzar el charco?
-Mucho miedo, porque tomé la determinación en esas etapas en las que uno no está con el espíritu
sereno. Tenía algunos problemas personales que se habían dado en ese momento y
era un caldo propicio para que si alguien me decía si quería trabajar en
Argentina, o en Chile o en la
China es probable que yo dijese que si. Después la situación
cambió y yo ya había firmado un contrato, por eso vine con mucho
miedo.
-¿Tenía miedo al fracaso? -La verdad, si me preguntan
cual era el sentimiento dominante cuando yo vine para aquí es el temor al
fracaso, a lo nuevo, a todo. Porque no lo había decidido en función de una
estricta libertad de conciencia, sino de cosas que me estaban pasando. Pero
también el caso de que fuese Buenos Aires estaba muy estimulado, porque de
alguna manera empecé aquí. Trabajar en Radio Colonia en aquella época
significaba haber empezado en Argentina, o sea, que Buenos Aires siempre era una
meta en mi vida, pero lo cierto es que yo no lo resolví de acuerdo a esto último
sino a la cosas que en aquel momento se daban en Montevideo.
-¿Cómo se
hace para no estancarse, mantenerse siempre en los primeros lugares, ir puliendo
esas falencias que va descubriendo e ir adaptándose a los cambios del fútbol con
relación al relato deportivo? -No te das cuenta. Uno no hace nada
deliberadamente, las cosas se dan. El relator es hijo de la cantidad de partidos
que relata. La mejoría se da en el ejercicio, en el entrenamiento de la
profesión para la que vos tenés algunas condiciones básicas. Obviamente, yo
tenía condiciones naturales pero después la acumulación de partidos me fue dando
la mejoría. Cuando llegas a los más de tres mil y pico de partidos que tengo
relatados no sabes ni en que momento relataste mejor.
-¿Usted lo
sabe?
-A mi me parece que el año pasado, por ejemplo, fue el mejor año de
relatos míos. Porque ahora tengo un poquito más de manejo intelectual en el
trabajo que hago. Eso me pasa ahora, no se si me ocurrió antes, me parece que
no. En ese sentido, como uno maneja su prestigio o el relativo éxito que le
toque y demás, es inescrutable, no sabe como ocurre. Yo lo asocio normalmente
con ser creíble y con tener buenos golpes de fortuna.
-¿Cree que tuvo suerte?
-He tenido muchísima suerte en el desarrollo de mi profesión y en lo que hace al ejercicio de la misma. He sido un tipo bastante transparente que
merece credibilidad, porque es indudable que en el acierto o en el error siempre
he hablado desde mis propias convicciones, desde mi manera de ser, sin estar atado a ningún interés detrás de mí que pudiese impulsar mi discurso. Eso frente
a la gente me deja bien posicionado. Por supuesto que hay muchos que no me deben
aceptar como periodista, pero no lo hacen en función de mi credibilidad, sino en
función de que hay aspectos de mi persona que puedan no gustarles o comentarios
que los han herido o cosas por el estilo. Me parece que si tuviera que elegir
algunos elementos que conforman mi vida profesional el primero de todos es la
credibilidad.
-Sacando a los periodistas que conforman su grupo de
trabajo. ¿Se siente acompañado por sus colegas? -No, no,
no. -No va a hablar de eso… -No es que no vaya a
hablar. En general sin dar nombres les puedo decir que indudablemente hoy hay
muchas maneras de ejercitar el periodismo. Muchas de ellas a mi me llenan de
vergüenza, y en ese caso se paga siempre, aún en el éxito. Vos podes ser muy
conocido pero también podes ser muy despreciado. Podes ser muy escuchado pero no
aceptado como persona ni como una cosa de prestigio. Yo vivo desde hace muchos
años, gracias a Dios, una especie de estado de gracia con la gente, que me trata
con mucho respeto. Lo dije antes, por la credibilidad, la recompensa para eso ha
sido un respeto que a veces hasta me paraliza, porque yo me doy cuenta que la
gente lo tiene. -¿Cómo se manifiesta ese respeto de la
gente? -Por ejemplo, un día tuve un inconveniente en la emisora. Me
sacaron de los pelos y me salvó la gente, porque hicieron una especie de
escándalo que motivó que la empresa tuviera que reconsiderar lo que estaba
sucediendo. A mi me salvó la gente, en ese momento cuando aquí en esta radio
hubo un personaje que se creyó dueño de la empresa (era otra empresa) y yo era
crítico. La empresa, en ese momento, era dueña del 40% más o menos de Torneos y
Competencias, el porcentaje puede ser erróneo pero era muy importante. Entonces,
en el momento en que esto dejó de ser el gran negocio que fue hasta los años
1998 o 1999 y después decayó como muchas cosas en el país. Cuando esto dejó de
ser un negocio que a la radio le impedía decirme nada porque finalmente yo era
un profesional que le acercaba buenos dividendos y además tenía un discurso que
molestaba a esa persona, entonces tomó la decisión de echarme. La gente
reaccionó de una manera tal que otros medios sintieron que había una especie de
impacto en el tema y lo recogieron. Esto llegó más arriba en la empresa a la que
representaba este señor que me echó, reconsideraron la medida y prescindieron
finalmente del señor que me había echado. De eso me salvó la gente, pero lo del
respeto vos lo notas en lo cotidiano, en lo que te dice la gente, en la
relación, en el feeling que tenés con la gente. Yo no te voy a contar las cosas
que me pasan porque parecería una cuestión de vanidad, pero vivo en estado de
gracia en la relación con la gente. -¿Por eso decía que
tuvo mucha suerte en esta profesión? -Esa no es la parte de lo que yo
llamaría fortuna. Esa es una correspondencia con lo que yo de una manera pensada
he hecho por la profesión. Tratar de ser creíble e independiente por encima de
todo y lo que viene del respeto de la gente es la recompensa de
eso. -¿Por qué se dan diferentes formas de hacer
periodismo si teóricamente la raíz o el nudo de la cuestión debe ser solo
una? -Porque hay muchas formas de hacer periodismo, lo podes hacer desde
la información y está muy bien y hay muy buenos profesionales. También lo podes
hacer desde la opinión, entonces sí lo que nos separan son los medios para los
que trabajamos, los intereses que representamos y las cosas que podemos o no
podemos decir. Cualquier periodista que no pueda decir todo lo que siente, lo
que ve o lo que le parece, en realidad no tiene derecho a decir nada. Porque si
vos en la empresa en la que trabajas, tenés límites para expresarte sobre
ciertos aspectos del fútbol, por ejemplo, no tenés derecho a ser crítico de un
árbitro, de un jugador o de un director técnico. Entonces, lo que vos estás
haciendo es ejercer tus dotes periodísticas con algunos, mientras que con otros
te tenés que limitar, eso para mi es aberrante. -Sabemos
lo que opina con respecto a los manejos de nuestro fútbol. ¿Cuándo piensa que
puede llegar a cambiar esta situación? -Nunca. No tengo ninguna
esperanza. Es decir, el fútbol está en manos de una mafia televisiva, que ejerce
un control muy cercano de los dirigentes. Los dirigentes si alguna vez tienen
ánimo de enfrentarse a eso saben que pierden como en la guerra, las jerarquías
de la AFA siempre
van a estar digitadas en la aceptación de la gente por ese grupo periodístico
que es el de la televisión y de los diarios que están detrás de la televisión,
que todo el mundo conoce a quienes me refiero. El contrato de televisación es
hasta el 2014, cuando ese contrato esté terminando no hay nadie que pueda
competir contra las ganancias fantásticas que esta gente ha acumulado. Si llega
a haber una licitación, que es lo que nunca hubo y lo que tendría que ser,
cuando se haga, los competidores van a estar en una situación de absoluta
inferioridad. Además desde adentro del fútbol va a haber operadores muy
importantes para que los elementos de la licitación que pueda haber, sean lo
suficientemente preparados o controlados para que las cosas sigan así. Yo digo
lo que digo por una cuestión de conciencia y de toma de posiciones en la vida.
Es como si ustedes me dijesen “Usted sabe que el mundo va a seguir teniendo 10%
de ricos, 70% de pobres, 50% de analfabetos y de personas que pasan hambre. Eso
en Argentina, como en la mayor parte del mundo, o si tomamos la parte que a
nosotros nos toca más de cerca como es América Latina, entonces ustedes me
podrían decir “¿Para qué entonces hacer periodismo, para que
luchar?”
-Seguir peleando aunque la lucha sea
despareja… -Bueno, porque uno se compadece con sus convicciones, las
expresa y le mete para adelante, pero no porque piense que haya un discurso
capaz de cambiar la situación. Pero siempre que nos pasa algo, como en los
tiempos de dictadura y dentro del fútbol de alguna manera tenemos una dictadura
mafiosa de los medios, siempre que uno pueda dar pelea lo tiene que hacer. Hay
que comportarse como en los años de la dictadura, estar lúcido, pelear de la
manera que uno pueda, a veces muy modestamente, colaborar con la lucidez de la
gente. A veces lo que nos pasa es inevitable, pero si lo afrontamos con lucidez
y sabemos que es lo que nos está pasando, habrá sanciones muy fuertes, por lo
menos desde el punto de vista ético. Es indudable que la gente sabe muy bien lo
que pasa con el fútbol y como son las cosas, esto se debe a que hay algunos
luchadores todavía que siguen denunciando. -¿Qué
reflexión puede hacer con respecto al despido de su compañero Román Iucht de TyC
Sports? -Eso es una parte del manejo impune y autoritario que se tiene en
los medios. Efectivamente no solamente ya les es necesario controlar lo que
dicen dentro de la empresa, sino que también controlan lo que dice afuera. Román
ha sido un periodista ejemplar que aún trabajando para Torneos y Competencias,
en mis programas nunca estuvo fuera de los criterios que nosotros tenemos: “esto
es una mafia, esto está manejado con esos códigos, el robo que se le hace al
fútbol es colosal, la desorganización de los horarios, los cambios de los
partidos”. Es decir, los pequeños grandes detalles que hacen al fútbol
estructuralmente, nunca merecieron silencio siquiera por parte de Román, sino
que siempre ha participado en nuestra mesa de trabajo. Por supuesto que él
recibe de alguna manera un castigo que, aunque sea en una partecita, está
también dirigido a mí. Pero sobre todo, es una represalia que se toma para que
la gente que continúa trabajando sepa con que bueyes
ara. -Por último ¿Qué imagen, figura o relato de gol se
le viene a la mente cuando le nombran a Banfield? -El empedrado, los
techos de tejas rojas de las casas vecinas que se pueden visualizar desde la
cabina, las copas verdes de los árboles, es lo primero que me viene a la cabeza.
A mi me gusta mucho el fútbol de la cancha de Banfield, como el de la cancha de
Argentinos Juniors o relatar en cancha de Nueva Chicago porque me gusta todavía
el fútbol con olor a barrio. Eso tiene un sabor que lo saca de ese
superprofesionalismo en el que está instalado. Hasta la gente parece distinta,
todos se conocen, la gente se saluda, es un lugar de familias y de gente de toda
la vida. Además me produce siempre mucha simpatía el que lucha en una posición
desventajosa con respecto a los demás, y bueno, Banfield como tantos otros
equipos está en ese plano de tener que pelear contra las desventajas que el
medio le ofrece.
La entrevista finaliza abruptamente debido a que sin
pensarlo ha llegado la hora de salir al aire con su programa vespertino, en
instantes se encenderá la luz roja del estudio 2 y el artista deberá salir
nuevamente al escenario. Ese señor al que tal vez todos reconozcamos
aunque no pronunciemos su apellido, es el que conoce al detalle las reglas de
este juego y las combate pese a que le son y serán desfavorables. Ahora se está
colocando nuevamente esos auriculares que ya son parte de su atuendo, para
escupir sus verdades ante los micrófonos más crudos. Es aquel que entre otras
cosas ha presenciado el gol más maravilloso de la historia de los mundiales y
con su relato de hincha apasionado, supo ponernos la piel de gallina en más de
oportunidad.
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