El mes de abril, ya ha comenzado a despedirse con una noche helada, al menos para estar en una cancha de fútbol.
Eduardo Sacheri y su hijo Francisco acuden puntualmente a la cita, a pesar de que han tenido que realizar un largo viaje desde Ituzaingo hasta nuestra ciudad.
Momentos antes de ingresar al Estadio Florencio Sola por primera vez para presenciar el encuentro frente a Huracán, el consagrado escritor, nos regala gentilmente su sabiduría en una charla relajada donde se tocan diversos temas, aunque siempre se vuelve a nuestro primer amor, el fútbol.
Por Gustavo Santillán - Rodolfo Morel
-¿Cómo ingresaste en el mundo de la literatura?
-Mi ingreso a la literatura es un poco por accidente porque cuando terminé el secundario estudié historia, soy Licenciado y doy clases en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y en un par de escuelas en Merlo y en Ramos Mejía.
Siempre fui un gran lector, desde muy chico me gusta mucho leer y desde los 25 años más o menos me encontré con el deseo de ver escritas historias que no veía, porque cuando vos lees lo que escribe otro vas para el lado que quiere el que escribió, te puede copar y todo lo que quieras, pero vas para donde fue él. En ese momento, me entraron a nacer en la cabeza historias que tenían que ver con gente como yo, tipos que todavía eran jóvenes, que se habían criado en un suburbio de Buenos Aires, que tenían historias sencillas pero en cualquier historia sencilla siempre hay cosas profundas, trágicas, humorísticas o emocionantes.
-¿Lo primero que te salió a la hora de escribir estaba relacionado a lo futbolístico?
-En esa línea, empezaron a salir historias que tienen que ver con el fútbol porque uno de los rasgos de identidad más fuertes que tengo es el fútbol. Es una de las cosas que más me gustan en la vida, aparte de las mujeres y leer.
-¿No lo cambiarías por nada?
-Hay pocas cosas que yo cambiaría por jugar al fútbol o por mirar un partido. De hecho, cuando veníamos para acá, mi hijo me decía si me hubiera gustado jugar al fútbol y yo le dije, “así, con 40 años, te cambio casi todo lo que hice de los 20 años para acá, por haber sido jugador profesional”. Ese amor, ese gusto, ese placer, empezó a encontrar un lugar donde puedo jugar contando historias.
Ahí entra la parte de la suerte que tuve de enganchar a Alejandro Apo al principio de su programa “Todo con Afecto”. Necesitaba material y le mandé un par de cuentos escritos en computadora, porque todavía no había publicado nada, y los leyó. La gente se copó y empezó a preguntar en que libro estaban esos cuentos y él les decía que en ninguno, son de un chabón que los trae acá.
-¿Lo conocías a Apo?
-No, ni nos conocíamos con Apo. Le llevé los primeros cuentos en el año 1996 y personalmente nos conocimos en el ’99, así que durante 3 años yo iba con cuentos nuevos y se los dejaba en la recepción de la radio. Mi primer libro que se llama “Esperándolo a Tito” es todo radial, es decir, todos los cuentos de ese libro fueron escuchados antes que leídos.
Es muy loco, después con la editorial sacamos otro libro, otro y otro, pero al principio armar esta carrera fue así, todavía no deja de sorprenderme el pensar en mi mismo, ya que en el año ’96 era un Licenciado en Historia que de vez en cuando escribía un cuento.
-Escribías solo para vos…
-Para mí, para mi mujer y para mis amigos. Ahora soy un escritor que por las mañanas labura de profesor de historia.
-¿Quiénes son tus escritores favoritos?
-En cada época de tu vida eso va cambiando, pero si le tengo que buscar un denominador común, me gustan mucho los escritores argentinos y latinoamericanos más que los anglosajones. Cortázar me partió la cabeza cuando era adolescente, aún en su dificultad, porque para mi es un tipo bastante difícil. Sábato, Soriano más acá, Fontanarrosa, a pesar de que lo descubrí bastante tarde, casi como una obligación.
-Tal vez, surge espontáneamente como una influencia por la forma de escribir…
-Por lo que escribía y porque a veces alguien me preguntaba que opinaba de Fontanarrosa y yo solo opinaba de Inodoro Pereyra y no de sus cuentos, así que me tuve que meter en su obra. Me gustan mucho, no solo sus cuentos futboleros sino que tiene una ductilidad enorme para retratar a la gente común.
-¿Y entre los escritores latinoamericanos a quien elegís?
-Me gustan mucho tipos como Vargas Llosa o García Márquez, por esa cuestión de que tenemos un universo más o menos en común. Me gusta ver reflejado mi propio mundo en las cosas que leo, por ejemplo, yo no me veo escribiendo una novela de espías porque no tengo la menor idea de lo que hacen los espías. Me veo mucho más escribiendo sobre un oficinista o sobre un tipo que se enamora en un tren o de otro que se come los codos mirando un partido de fútbol, esos son verosímiles para mi, tangibles porque ellos están, existen.
-¿Esa es tu visión del arte?
-Para mí, el arte es echar una mirada diferente sobre las cosas comunes. El arte no está en las cosas raras y alejadas de la vida, es mirar lo de siempre pero de otro modo.
-¿Cómo ves la literatura argentina actual?
-Lo que tiene la literatura argentina hoy es que está muy desperdigada, hay muchas islitas de tipos laburando de manera bastante diferente y para públicos también diferentes. Hay poca difusión de autores nuevos porque hay un mercado editorial muy chico y la mayoría de los escritores se tienen que bancar la edición de sus propios libros, no solo por lo que les cuesta sino porque también les cuesta distribuir sus libros y que la gente los compre. Somos siempre los mismos 15 o 20 tipos los que estamos en las librerías y es muy difícil que llegue gente nueva. De la gente joven me gustan Birmajer y Pablo Ramos, los nombro pero se que los lectores después van a decir: “estos quienes son” como otros van decir también: “¿Quién es Sacheri?” pero por ahí me conocen porque vengo catapultado por un medio masivo como es la radio, a los libros solos les cuesta mucho abrirse paso.
-Vos venís del combo radio-libro…
-Yo vengo de un combo, ahora tengo la chance de ir abriéndome, pero después de cuatro libros de cuentos y de una novela que me compró los derechos Juan José Campanella y estamos haciendo el guión para que sea su próxima película.
-¿De que se trata?
-Es una novela policial romántica que no tiene nada que ver con el fútbol, esto me da un espaldarazo grande como para abrirme a otro público, otra difusión. Esto no puedo decir que es solo por la calidad de lo que escribo, es por la calidad de lo que escribo más el culo de estar en el lugar justo en el momento justo, lo mismo que pasa con los jugadores. Si te ponés a hacer memoria cuantos tipos estuvieron justo ahí, que a lo mejor los veías jugando en la tercera y no dabas dos mangos. Ahora se me cruza Palermo cuando debutó en Estudiantes, era un rubiecito de patas flacas con una cara que vos decías “este juega 10 partidos y después nunca más” o al revés, la mala leche de tipos que vos decís “este tiene todas las condiciones” y después no se le da una, se le pasó la edad y termina jugando solteros contra casados. Hay tipos que se les frustra un pase, se le cierra y nunca más son los mismos, la lista es larga y creo que en la literatura también, porque lo que pasa en el fútbol pasa en un montón de lados.
-De acuerdo a tu formación profesional ¿Cómo no se te dio por estudiar historia de la literatura?
-Lo que pasa es que para mí la historia como toda ciencia, algo duro, estricto como toda cuestión científica y escribir para mí es un juego.
-¿No lo sentís como tu trabajo?
-Hoy en día ya es mi laburo en el sentido que cuando hago los números a fin de mes lo veo, pero sigue teniendo algún contenido de juego, de diversión y de placer que creo que si escribiera de historia lo perdería porque me vería obligado a cosas más estrictas, más rígidas, más verificables. Yo te puedo contar un cuento y llevarte adonde se me cante, porque puedo cruzar el umbral de la verdad y aunque ambos sabemos que no es verdad lo transformamos en verdad. Es un acuerdo entre autor y lector.
Para mi, escribir tiene mucho de poder largar cosas de las que te cuesta hablar, cosas de tu pasado que tenés un tanto atragantadas. No necesariamente las contás en primera persona, cazas un personaje que tiene su historia y algo le ponés y en eso de ponerle soltás lastre. Por eso, para mi es tan importante que siga siendo así, aunque me lleve 4 o 5 horas por tarde porque con esto de los libros que van creciendo ya no puedo escribir como al principio un par de horas a la noche cuando estaba inspirado, ahora ya es un oficio.
-¿Te ves en la obligación de estar siempre escribiendo?
-Tengo la obligación en el sentido de que la editorial tiene ganas de que yo escriba, adaptar el libro a una película es un trabajo diferente e involucra a muchas personas, entonces, eso te pone límites también, pero sigue siendo un placer
-¿Tenés pensado seguir escribiendo de fútbol?
-En agosto publico una novela nueva, que es, hasta cierto punto futbolera, esto es un desafío porque hasta ahora he escrito cuentos de fútbol.
-Cuentos cortos…
-Si, algunos son más o menos largos pero no pasan de las 15 o 20 páginas y esta es una novela de 250 páginas. Obviamente, no hay solo fútbol en esta novela, pero en realidad es una novela con dos personajes, un viejo y un tipo joven y lo que los vincula es precisamente una cuestión bien de fútbol. Entonces, más allá de que la persona que no entiende nada de fútbol la puede leer igual porque hay un conflicto entre los personajes, el tipo que es futbolero lo decodifica de otro modo porque entiende el núcleo básico del conflicto que tiene el tipo.
-¿Es muy diferente escribir una novela?
-Una novela es diferente porque cuando tengo una idea para un cuento con 3 o 4 días de laburo lo resuelvo, auque después lo reescriba. Una novela son 6 meses de trabajo hasta tener un primer borrador, por eso yo lo comparo con nadar en una pileta y nadar en el mar o en un río anchísimo, no ves la orilla. La novela tiene eso que vos te largas y en el tercer o cuarto capítulo no sabés ni donde estás, hasta que empezás a ver una punta y te volvés a enganchar.
-¿Cuál es tu metodología a la hora de escribir?
-Todos mis cuentos nacen a partir de una imagen fuerte, significativa, pero rodeada de oscuridad en el sentido de que a mi no se me ocurre una historia completa sino algo, que es esto de mirar de otra manera. Por ejemplo “Esperándolo a Tito” surge cuando yo estoy escuchando la radio en el ‘95 o ’96 y hay un movilero en Ezeiza esperando a los jugadores que vienen a jugar un amistoso con la Selección. En ese momento digo “estos pibes ganan mucha plata, yo también me vendría por cero pesos a ponerme la camiseta de Argentina, pero hay que ver si alguno de estos vendría si lo llaman los amigos”. De golpe, me aparece la imagen de un tipo con el bolso al hombro, cruzando un portón en un club sindical diciendo “esperen que ya estoy”, esa es una escena de este cuento. El laburo es hacer un cuento que le interese al lector con esa imagen.
Hay un momento en “De chilena” que está el narrador como arquero esperando que le pateen un penal y por detrás del que va a patear ve al hermano que lo mira y en esa mirada hay un montón de cosas dichas. Eso solo es un cuento si querés, la historia del partido.
-Pero estás hablando de un código muy fuerte entre hermanos…
-Si, pero si es un código siempre se pone en juego en el fútbol y fuera de él. A lo mejor ese cuento durante meses quedó ahí, pero falta algo.
-¿Te queda en la computadora o dando vueltas en la cabeza?
-En la cabeza, te ocupa poco rígido, digamos. Después vuelven esas ideas y algunas se van y no vuelven nunca más, pero son cosas muy esquemáticas. Antes de dormirme cuando apago la luz, en esos minutos en que te vas amodorrando volvés a la escena desde la mirada del arquero y lo veo al otro que no es mi hermano real (Sergio Sacheri), ni yo tampoco soy el real. Son dos hermanos, pero soy en que está en el arco ¿Por qué lo evoco? ¿Por qué lo pienso? En otro momento se tienen que volver a mirar así, en un momento mucho más difícil y ahí es donde empieza a nacer la otra historia. Ahí empieza la técnica. Como hago para agarrarte de la nariz en la página uno y llevarte hasta la veinte y que estés ahí adentro y que te emociones y que te cagues de miedo a que el tipo se muera. Apo siempre me cuenta que cuando Carlos Bianchi escuchó ese cuento por primera vez, estaba dando vueltas alrededor de la mesa de la cocina para ver como terminaba el partido, a pesar de que tiene una cosa dramática del hospital. En determinado momento el cuento es solo el partido. Para mí, es importante que yo logre hacerte eso, que llegue un momento que la otra historia se borra y que lo único que te calienta es que empaten el partido.
-Eso es lo que te pasa como hincha…
-Vos podés venir del quilombo de tu vida y estás mirando a Banfield y durante 90 minutos no pasa nada más que eso. Por ejemplo, la vez pasada cuando Independiente estaba ganando 1 a 0 y Banfield merecía por lo menos empatarlo, la única parte de tu vida fue eso durante ese rato.
-Por ejemplo, los días que Banfield juega de noche y lo tenemos que mirar por televisión no podemos ni comer…
-Yo tampoco, mi mujer cocina y no me pasa ni una papa frita. Ella come sola, pobre.
-¿Qué sentiste la primera vez que escuchaste un cuento tuyo en la radio?
-La primera vez que escuché “De chilena”, Apo me dijo que lloraba y lloraba. El en el estudio se hace bajar las luces para ponerse en clima, esta vez tuvo que hacer al revés, prender las luces y hacer entrar a todo el mundo porque no podía terminar y yo cuando lo escuchaba también lloraba. A veces cuando doy charlas, me piden que lea un cuento y no los puedo leer porque me pongo a llorar delante de todo el mundo.
-Saliendo del tema literario ¿Cómo ves el fútbol argentino?
-Sinceramente, soy pesimista con lo que a mi me gusta del fútbol, yo se que mi hijo que tiene 11 años no tiene con que comparar, entonces el fútbol es eso para el. Lo jodido para nuestra generación es que tenemos otra cosa diferente y a mi criterio mejor, pero todo indica que nunca más va a volver.
-El tema de ver a las familias en la cancha…
-Si, la familia en la cancha y el fútbol en un lugar más modesto de tu vida y lo digo yo, que me gusta escribir de fútbol. Creo que en los últimos años nos han vendido un modelo de que el fútbol es la vida y el fútbol es el fútbol. La vida es más cosas aparte de eso. Es bueno cuando podemos parar la pelota y decir “me amargo hasta acá, me caliento hasta acá”.
-Hoy eso es casi imposible…
-Es imposible, fíjense que si nos ponemos a pensar lo que le dice una hinchada a la otra aparte de lo que se hacen una a la otra o hasta en la misma hinchada es una locura. El otro día vi en la cancha de Argentinos Juniors a unos nenes colgados del alambre escupiendo al juez de línea, contra el cual no tenían nada pero era parte de su rol. El rol de nene en la cancha que tiene que escupir al tipo que está de juez de línea. Yo me escucho diciendo esto y pienso “soy un dinosaurio”, y si, soy un dinosaurio y moriré dinosaurio. En realidad yo creo que somos unos cuantos dinosaurios y creo que si mis libros se venden es porque los comprar otros dinosaurios, porque creo que conservamos un lugar de resistencia que si nos mostrás un partido por la tele, quiero que me muestres el partido y no la cara de desenfrenado del técnico o cuando se miran mal dos jugadores.
-Lo que pasa es que se vende un espectáculo…
-Esta cosa de convertir al fútbol tan en espectáculo pero que no tiene nada que ver con el fútbol, va a hacer que llegue un momento que ya no van a necesitar más la pelota y para mi la televisión tiene una enorme responsabilidad en eso. Todo dura 3 segundos, tenemos la misma paciencia que cuando hacemos zapping, perdiste 3 partidos y te cambio. En el caso de Independiente, Troglio arranca con un equipito con Montenegro que sabe jugar a la pelota y Denis que es un delantero temible, pero con los demás que son de medio pelo. Y se tiene que ir y viene Santoro pero hay que avisarle a Borghi que se apure, entonces nadie tiene paciencia y los hinchas compramos eso. Porque cuando se canta bien violento en la cancha, la gente se prende, los cantito que más se cantan son los que le pegan al rival.
-Algunos entienden eso como folklore…
-Para la mayoría de los pibes más jóvenes, esto es el folklore. Con esta medida tan jodida de si los visitantes si o los visitantes no, el argumento principal que se pone es que se pierde el folklore del fútbol. Por eso también es que voy a otras canchas, porque en la neutralidad disfruto más, porque siento que con las barbaridades que se están haciendo unos a otros, por lo menos, siendo de afuera puedo mirar el partido. Voy a ver a Independiente pero que el cantito más imaginativo sea “a la promoción, a la promoción” me resulta triste o que lo único que pueda cantar una hinchada sea “hoy hay que ganar, hoy hay que ganar” ¿y si jugamos un rato a la pelota también? Porque si jugamos a la pelota vamos a ganar más de lo que podemos perder.
-¿Está todo tan mal?
-El Campeonato pasado, Independiente ganó los 4 primeros partidos jugando a nada y discutí con mi nene porque me dijo que ya éramos candidatos. Yo le decía que no jugábamos a nada y todavía faltaban 15 fechas y si no jugás a nada vas a perder más de lo que vas a ganar, pero eso lo podés pensar si tenés la cabeza minimamente fría. Si te das cuenta que lo que te están vendiendo por la tele es humo. En este sentido me parece que los medios en general, empezando por Torneos y Competencias venden humo.
A Denis, el goleador y la estrella del Campeonato anterior lo querían matar, le tiraban con arco y flecha desde la tribuna, a San Lorenzo cuando jugó con River, a los jugadores de Lanús cuando empezó el Campeonato que terminaron ganando, los primeros 3 partidos los querían matar a todos, yo creo que no puede haber un divorcio moral tan grande. En conclusión, no me quiero poner filosófico pero yo no puedo hacer depender lo que pienso de vos porque ganes o pierdas. Yo tengo un juicio sobre vos que no puede depender de un resultado. Los periodistas no se parar a marcar esas cosas, como mucho las describen.
-¿Será porque eso vende más?
-Esa cosa instantánea vende más, al que gana le vendo que ganaste y al que pierde para que se masoquee o para que tu enemigo, porque no es tu rival, pueda disfrutar. Por eso, River anda muy mal y lo pongo en la tapa de Olé pero para que los de Boca lo lean y disfruten del dolor de los otros. Para mi Olé es a la prensa escrita lo que es Torneos en medios audiovisuales. El hecho de que en Olé tenés esas columnitas escritas por fanáticos que son espantosamente ofensivas, por ejemplo yo no leo puntualmente las de Lanús o las de Banfield pero leo la de Racing y me da ganas de ir a cagarlo a trompadas al que la escribe, pero no dudo que al hincha de Racing cuando lee la de Independiente le debe pasar lo mismo, porque escriben como barras. Otro ejemplo es “El Aguante”, el programa que tenía TyC donde no te ponían a vos sino al lumpe más lumpe de Banfield y le preguntaban “¿Qué pensás de Lanús?” ¿Qué te va a decir? Entonces el tipo que es de Lanús ¿Qué va a sentir en el próximo clásico? Los quiere matar a todos, por eso mi mirada es bastante pesimista.
-¿Se puede cambiar?
-El único cambio que veo es que la gente se harte tanto que deje de ser negocio, pero no se si va a pasar eso. A lo mejor llega un momento que pasa como esos programas de televisión tan amarillos que llega un momento en que la gente los deja de ver. Eso es lo que puede pasar con el fútbol.
-A lo mejor el negocio es que dejes de ir a la cancha para verlo por televisión…
-Si, hoy por 30 mangos tenés 10 partidos sentadito en el living de tu casa, pero ves lo que ellos te van a mostrar, si estás en la tribuna con tu pibe le podés mostrar como el defensor se queda siempre atrasado y termina habilitando al delantero. Esas son cosas que solo ves en la cancha, en la tele no lo ves porque no hay manera. Yo no puedo dejar de extrañar cuando toda la fecha se jugaba junta, o sea, vos estabas escuchando un partido y tenías las conexiones para saber como iban los demás.
-Por ejemplo, en lo que va del Campeonato Banfield no jugó nunca un domingo…
-Me acuerdo que las jodas con los equipos de ascenso eran “te vas a jugar los sábados” y el festejo de los que volvían era “que suerte, ahora juego los domingos”. Ahora los domingos juegan River y Boca y algún partenaire de turno.
-Si no juegan por las Copas…
-Claro, pero si miramos el fútbol español o italiano todos rotan, a veces les toca a los grandes jugar un sábado. La idea original acá era esa, cuando comenzaron con esto acá a veces jugaba River un viernes y Boca un sábado pero siempre copiamos lo peor.
-¿Está todo armado?
-Está todo armado para que la cosa sea entre River y Boca y los demás sean un agregadito ahí y que no jodan. La verdad, molesta mucho que salga campeón Lanús, si ni siquiera puede llenar la cancha.
Por eso también tenés los árbitros que tenés, a Cvitanich le patean la ceja y le dicen al jugador de Boca “cuidado”, el de Banfield lo sopla y lo amonestan. Preferentemente a los defensores los van a amonestar en la media hora inicial y donde soplaron a uno a los 20 minutos, se van del partido. En el último Boca-Banfield, yo vi la última parte del partido y faltaba que el árbitro levantara el pasto del lado de Caranta y dijera “bueno, vamos muchachos que ya termina”. Ahora fijate lo fuerte que es el fútbol que igual vamos, mientras seamos así de ingenuos somos como un marido cornudo muy enamorado porque en el fondo sabemos que nos están cagando, aunque tratamos de no darnos cuenta porque seguimos muy enamorados, porque nos conformamos con las migajas que nos tiran y somos incapaces de decir: “no, flaco guardate el codificado, metete la entrada de 24 mangos ya sabés donde y yo renuncio”. Somos los únicos que no nos vamos porque nos interesa la camiseta, hablo de los hinchas comunes y corrientes, no los barras. Los barras van por otra cosa, por la droga, por el cuidado de los autos, las entradas, etc. Somos nosotros los boludos pacíficos que nuestra señora llega tarde y con la ropa mal puesta y seguimos mirando la tele y decimos “hola querida como te va”.
-Para finalizar porque ya empieza el partido ¿Decinos algo de Banfield?
-Creo que si hacemos las estadísticas, me parece que al grande que más le ganaron es a Independiente. El otro día estaban diciendo que en el historial Banfield ganó solo 9 partidos visitando a Independiente, 6 de esos 9, desde el último ascenso, porque en realidad nos tienen alquilados en esta última época.
El 4 a 3 nos ha dejado atónitos y el respiro llega al escuchar el pitazo final, transformándose rápidamente en el delirio más extremo.
Nuestros visitantes se despiden con la boca cargada de goles y el corazón contento para emprender el regreso hacia la zona oeste.
El escritor ha guardado en su mochila nuevas experiencias para volcar entre sus textos y ha conocido en carne propia, aunque sea solo por 90 minutos, lo que se siente al estar en la tribuna Banfileña…
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