Once de junio: les tocó en suerte una época extraña (*)

16 junio, 2017 Comments

Por Daniel Varela. Una nueva sección de relatos vinculados a la actualidad. Hoy, una historia alternativa del Banfield del ´82 y nuestros soldados banfileños. Todo en el marco del inicio del 11 de junio como Día del Héroe Banfileño. Pasen y lean.

malvinas-2401938h540Percibía el frío como finas agujas que se le clavaban hasta en el más pequeño de sus huesos.  Las bombas caían incesantes a partir de la una de la mañana y entonces el frío pasaba a un segundo plano. En su pozo de zorro (los militares denominaban así a las zanjas de 1,60 de profundidad por 2 metros de ancho con un techo disimulado de tierra y pasto), que él mismo había cavado, no sentía los dedos de los pies que sabía hinchados al igual que las piernas y el peroné oculto como cubierto por una capa de gomaespuma. Esa insensibilidad se confundía con el dolor. Y con el miedo de las noches cerradas, las tormentas frecuentes, las hirientes ráfagas de viento. La huida preferida era Banfield. Del Pampa Orte gambeteando a dos rivales para meterle un golazo a Colón. ¡El Pampa Orte! Cuando le preguntaron qué sintió en su debut había dicho que del miedo le temblaban las piernas. Como a él por el frío.

Más allá, lejos de su pozo, creyó visualizar un animal muerto. Como cuando dos cabos encontraron una vaca muerta víctima de una mina y los jefes mandaron carnearla. Fue una fiesta. Fiesta por la que circuló aquella Revista Gente del “Estamos ganando”. Pero duró poco. Enseguida volvía a sentir el dolor de los pies, las piernas… y el hambre. Recordaba cuando al Cabo Pérezlo acusaron de haber robado un pedazo de carne de cordero y habérselo comido: como castigo le hicieron introducir sus manos en el “lago de los lamentos”, un charco de agua casi congelada, durante veinte minutos. El hambre, ¡ay, clavar los dientes en un trozo de carne!Un asado… carne al horno con papas como solía preparar su madre…

−¿Salís, hijo? ¿Sólo con la remera de Banfield? Abrigate, Marcelo, que hace frío

−Voy acá nomás, vieja

−Ay, ¡la juventud, la juventud!

Suele decirse que la rebeldía es propia de la juventud. Quizá ella lo llevó a desobedecer una orden de repliegue porque sabía que quedaban siete compañeros atrás. No podía dejarlos. Eran siete compañeros… Justo cuando enfiló hacia Monte London, los ingleses desencadenaron uno de los más devastadores ataques. Su rebeldía le salvó la vida a los compañeros. Un rosario que le había regalado su madre vestía sus manos muertas.Se sabe, no hay héroes sin rebeldía. Fue el once de junio. Tres días después, la guerra llegaba a su fin.

In memoriam

Marcelo Massad, Claudio Chafer, Francisco Leta y Pablo Ale
(*) la frase pertenece a Jorge Luis Borges del cuento Juan López y John Ward